Aprendió su oficio  a mediados de los 80 cuando regresó de cumplir el Servicio Militar Obligatorio. Ahora sigue adelante en medio de un país en crisis en el que cada vez resulta más difícil garantizar las necesidades básicas en el hogar

 

Luis Evelio Alvarado Pichardo busca estrategias para subsistir en una de las etapas más difíciles que vive el emprendimiento en Nicaragua a consecuencia de la crisis sociopolítica, económica y sanitaria.

Este comerciante informal de 52 años trabaja en la restauración de calzados. Su puesto es un llamativo triciclo azul del que cuelga un “calachero” que bien puede ser materia prima o diferentes estilos de zapatos que esperan su turno para ser reparados. 

Se ubica en una de las avenidas del mercado La Estación en la ciudad de León y fue en su adolescencia que aprendió este trabajo sacrificado, que persiste en el tiempo, pese a que muchos optan por comprar nuevos zapatos antes de darle una segunda oportunidad a su calzado.

Alvarado, estaba iniciando la secundaria cuando fue reclutado para cumplir dos años de Servicio Militar Obligatorio. Hoy ayuda a su familia con la reparación de zapatos.

Previo a ser zapatero, Alvarado estaba iniciando la secundaria, pero interrumpió sus estudios para cumplir dos años del Servicio Militar Obligatorio (SMO), al que logró sobrevivir. Luego, se integró a un taller de calzado, donde aprendió el oficio que hoy le sigue permitiendo sostenerse económicamente. 

No hubo tiempo para estudiar porque fui reclutado a los 16 años, para cumplir el SMO, a mediados de los años 80. Cuando regresé ya no quise seguir en la escuela y me dediqué a trabajar en el taller de zapatos de don Octavio Álvarez en el Barrio Laborío, ahí aprendí lo que ahora es mi principal medio de sobrevivencia”, recuerda Luis Evelio. 

Hace memoria y cuenta que a finales de los años 80 quedó en el desempleo por la aplicación de la Ley de Conversión Monetaria. Un decreto que fue aprobado el 14 de febrero de 1988, por el entonces gobierno revolucionario del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), según éste para defender la economía nacional y combatir la inflación en el país, sumido por la guerra, la miseria y la depresión económica. El taller en el que trabajaba quebró por esa medida cuestionable del sandinismo. 

El cambio de moneda nos afectó a todos, causó la quiebra de negocios, desempleo, y migración forzada de jóvenes nicaragüenses que no teníamos oportunidad laboral. En aquel tiempo ganaba 10 córdobas, por la cocida de un zapato y 80 la elaboración de una suela de baqueta” -relata mientras su pie no deja de pedalear para coser unas zapatillas-. “Tenía mis ahorros y con los pocos reales que me quedaron los cambié para migrar a Costa Rica, donde trabajé por varios años. Volví a recoger mi dinerito y compré mi primera máquina de coser, algunas herramientas, y mi pasaje de regreso a mi tierra natal León, en 1998, donde instalé mi “caramanchel” o propio negocio”, cuenta Alvarado.

 

Teme regresar a los años 80

Luis forma parte de una gran cantidad de zapateros que ofrecen sus servicios de “remendón”. Asegura que el pequeño negocio ha garantizado las necesidades de su hogar, a pesar de la crisis generada por las malas políticas del gobierno.

Estos tiempos son buenos, el problema es que hay tanta confusión en los gobiernos y sus políticas porque la están “chorreando” toda. Gracias a Dios no soy fanático de ningún partido político y no tengo ningún tipo de vínculo con ellos. Aquí no ha cambiado nada”, refirió. 

Cuenta que los períodos más difíciles que vivió con su familia fueron en el 2018, con el estallido social, y en el 2020 con la llegada de la pandemia. “Fueron meses terribles de incertidumbre, había mucha inestabilidad, me hacía 50 a 100 córdobas en un día de trabajo, únicamente sobrevivíamos con ayuda de préstamos y una hermana que no me desamparó”, afirmó el zapatero.  

Al obrero le ha tocado vivir en carne propia las peores crisis que ha atravesado Nicaragua en los últimos años, por eso hizo el llamado a la ciudadanía a no derrochar el dinero y a tener un plan de ahorro. “Creo que es importante que la gente aprenda a ahorrar para resolver las necesidades que tengan en los tiempos de vacas flacas, gastando lo necesario nada más, en los días festivos como la Navidad porque nos vienen días duros”, aconsejó.

El zapatero compró su primera máquina de coser con sus ahorros, durante su exilio en Costa Rica a finales de los años 90. Su puesto es un triciclo azul del que cuelga la materia prima o diferentes estilos de zapatos que esperan su turno para ser reparados. 

A pesar de lo difícil que le ha tocado luchar en la vida, este trabajador informal  consolidó su puesto en el mercado La Estación atendiendo entre 10 a 20 personas diariamente. A veces genera ganancias de 500 córdobas, de los que ahorra una buena parte no para darse lujos, sino para garantizar el bienestar de su familia compuesta por 4 hijos y su esposa, quien es ama de casa.  “A diario les enseño a mis hijos el costo de la vida y lo importante que es aprender un oficio para hacerle frente a las crisis”, reflexiona Alvarado. 

Este zapatero entusiasta espera en un futuro “tener mi propio taller, que pueda manejarse con responsabilidad, como un negocio familiar que pueda generar empleo seguro y digno”.