A pesar del cansancio, pies lastimados, pocas horas de sueño, entre otras dificultades, decenas de feligreses católicos devotos del Señor de Esquipulas, siguen recorriendo muchos kilómetros a pie para llegar hasta El Sauce, León. Estelí es uno de los puntos por donde pasan los peregrinos cada año para llegar a su destino.

Cada año, feligreses católicos devotos del Señor de Esquipulas, cuya imagen se encuentra en el municipio de El Sauce en León, recorren a pie decenas de kilómetros como una manera de agradecer por favores recibidos o para realizar peticiones especiales, por lo que su larga travesía concluye en el Santuario Nacional Señor de los Milagros de Esquipulas. Además de la caminata, hay quienes pagan “romerías” y otros incluso se desplazan arrodillados hacia el altar del templo.

El Señor de los Milagros de Esquipulas de El Sauce, también conocido como el Cristo Negro de Esquipulas es una talla de madera del Cristo Crucificado localizado en la Iglesia Católica de El Sauce, perteneciente a la Diócesis de León, Nicaragua.

Esta es una tradición llena de fe que tiene décadas de practicarse. No todos los peregrinos recorren la misma distancia, puesto que unos arriban desde zonas más alejadas que otros, saliendo a pie desde su casa hasta llegar al santuario. 

Uno de los puntos por donde transitan los peregrinos es la ciudad de Estelí. Ahí no solo pasan los caminantes de este municipio, sino de otras zonas del norte del país, en quienes se puede observar el cansancio, pero también el entusiasmo y la fe que les ayuda a avanzar.

Mientras descansaba en una hamaca, en el trayecto que conduce de Estelí hacia El Sauce, don Juan Gutiérrez proveniente de la comunidad Las Lomas, municipio de Jinotega, relató que él tiene más de 30 años de ser peregrino, indicando que “esta iniciativa es por todas las obras que me ha hecho el santo. Cuando yo tuve unos problemas le pedí a él y me lo ha concedido. En llegar tardamos 24 horas al suave”.

Por su parte, don Fidel Rostrán Zeledón tiene 42 años de peregrinar y comenta que “hay un montón de cosas que sucedieron en mi vida y yo pienso que los problemas me hicieron arrimarme aquí a El Sauce, lo que yo he pedido se me ha concedido”. La travesía no es fácil, dice don Fidel a sus 64 años de edad, “yo vengo del propio Jinotega y no todos los años uno está en condiciones de caminar, por ejemplo, este año voy bastante golpeado, ahorita tenemos 13 horas de camino”.

En tanto, don Julián Matute Briones, de la comunidad Isiquí, Estelí, a sus 73 años de edad, sigue peregrinando con su fe en el Señor de Esquipulas. “Ahorita voy caminando solo, pero ahí voy a hallar más gente adelante, yo me quedé atrás porque voy esperando que baje un poco el sol. De Isiquí salí a las 10 de la mañana, ahorita son las 4 de la tarde y espero llegar al Sauce al amanecer. A las 12 de la noche descanso un rato, a las 4 de la mañana sigo caminando. Como yo soy católico y tengo la fe en Dios que me ha librado a mi familia, eso me hace motivarme, he tenido hijas enfermas que me las ha sanado, la fe de uno es la que sana”.

Mientras unos ya tienen tantos años de peregrinar, otros apenas empiezan, pero ya están contagiados de ese fervor católico, así nos encontramos al adolescente Jerry Antonio Flores Martínez, quien a su corta edad ya tiene 6 años de participar en esta peregrinación.“Esto es algo que mi papá le prometió al Señor de Esquipulas, llevarme, porque estuve enfermo. Nosotros casi no nos detenemos en el camino hasta llegar. A veces se nos forman ampollas en los pies. Al regresar ya venimos en bus”.

A pesar del cansancio, pies lastimados, pocas horas de sueño, entre otras dificultades, devotos del Señor de Esquipulas, siguen recorriendo muchos kilómetros a pie para llegar hasta El Sauce, León.

Las mujeres también forman parte de esta peregrinación, una de las devotas es la joven Isamar López Rizo, “lo que me motivan son los favores recibidos del Señor de Esquipulas. La travesía es bastante difícil, pero como él le cumple a uno, uno le tiene que cumplir, hay que tener palabra porque con el santo no se juega. Voy viajando en compañía de mis vecinos”, describe Isamar.

Migración y pandemia impactan la peregrinación 

Muchos de los nicaragüenses que han partido del país tenían como tradición y fe la peregrinación hacia El Sauce, por lo que este año se ha notado su ausencia en dicho recorrido de devoción católica, la cual también ha sido impactado por la pandemia.

Aunque siguen siendo cientos de peregrinos los que viajan a pie, desde distintas zonas, hay asistentes que aseguran que esta vez había menos promesantes que en años anteriores.

Emmanuel Hernández Maradiaga, proveniente de Las Lomas, Jinotega, quien tiene cinco años de peregrinar en estas fechas hacia El Sauce; y don Julián Matute Briones, originario de Isiquí, Estelí, quien tiene esta devoción desde hace 10 años; al igual que don Juan Gutiérrez, quien peregrina desde hace más de 30 años, manifestaron que han visto un poco menos peregrinos, y consideran que esto se debe principalmente a la pandemia y la migración.