La falta de sueño se asocia con la angustia, ansiedad, depresión e incapacidad diurna. El tema de la pandemia ha llegado a afectar a muchas personas, hay quienes por la cuarentena se han deprimido, otros por las pérdidas de un ser querido, como resultando surgen problemas para conciliar el sueño que por lo menos debería ser de ocho horas.

Según la psicóloga Judit Fernández el tema con la pandemia surge una pregunta ¿qué sucederá mañana? Y esa interrogante está quitando el sueño diurno, comenta. “Vivimos en un momento incierto. Siendo este tema relevante a nivel mundial, muchas personas han caído en problemas de ansiedad, depresivos agudos, depresiones graves. Todo esto a raíz de la preocupación constante del que sucederá el día de mañana.”

Fernández añade que esta dificultad para descansar debidamente puede atraer problemas en la vida diaria.

Pueden producirse problemas interpersonales, sociales y laborales, como consecuencia del insomnio de una exceptiva preocupación, por el aumento de la irritabilidad diurna y la mala concentración, es frecuente la disminución de la atención y la concentración que podría estar relacionada con las altas tasas de accidentes.”

El insomnio produce menor productividad en el trabajo, menor calidad de vida y más problemas económicos, añade Fernández.

El doctor Jorge Martínez Serrato, neurólogo, explica que, si durante la noche   la persona tiene un sueño fragmentado, no logra conciliar el sueño y durante el día esto tiene sus efectos.

“Durante el día la persona siente que disminuye la tensión, concentración, la memoria, puede tener afectos en la parte emocional. Esta persona se puede sentir muy ansioso, irritable, o deprimido. El aspecto psicosocial puede salir afectado, disminuye la funcionalidad, la productividad a nivel escolar, a nivel de trabajo o familiar.”

El insomnio se da también en la mayoría de los casos por factores genéticos, donde hay factores que son perpetuadores que tiene que ver con el comportamiento, detalla Martínez.

La persona que tiene insomnio comienza a tomar licor para conciliar el sueño, o durante el día trata para mantenerse despierto toma mucho café, esto altera la dinámica del sueño. Como no duermen hace uso de medios visuales, esa exposición a la luz no te permite conciliar el sueño, por que la luz tiene que ver con la vigilia.

Esos malos hábitos que tienen las personas hace que el insomnio se perpetúe a través del tiempo hasta convertirse en un mal crónico, asegura.

Sin embargo, la falta de sueño podría ser la manifestación de alguna enfermedad que está ahí presente como lumbalgia crónica, un dolor fibromuscular o pacientes que tienen problemas de orden psicológicos. Las personas con trastorno de ansiedad generalizada, depresivos o alguna enfermedad de orden psiquiátrica, o quienes hacen uso y abuso de medicamentos y de drogas están más propensos a padecer de falta de sueño.

El especialista indica que hay que evitar estimulantes después de medio día, para que el cuerpo se vaya preparando a recibir un buen descanso, evitar ver noticias amarillistas o de temas relacionados con la pandemia y procurar una hora antes de ir a la cama.

Para la sicóloga Fernández, las personas que han perdido sus seres queridos a causa de la pandemia, “es un trauma estresante, que provoca la pérdida del sueño por lo que se debe evitar situaciones que alteran el sistema nervioso y estimulantes comestibles”.

Hay alimentos que deprimen en el trascurso de día o aproximándose la noche como la gaseosa, la comida chatarra esta genera glucosa o insulina, el alcohol aumenta la depresión, alimentos con almidón, endulzantes artificiales, enumera la especialista.

Fernández recomienda tomar la iniciativa de actividades creativas con la familia dentro del hogar y actividades personales como leer un libro, hacer ejercicio de respiración y muy especialmente evitar ver el celular unas dos horas antes de la hora de dormir, para poder descansar.