Era un alivio a medias pero alivio al fin: después de más de 90 días detenidos y de que los mantuvieran en aislamiento total, los carceleros permitieron que los presos políticos fueran visitados por sus familiares el pasado lunes.

Ansiosos, sus seres queridos ingresaron a la prisión de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), en Managua, y lo que vieron en los escasos diez minutos que duró la visita bajo presencia policial los horrorizó.

“Están demacrados, como traslúcidos. Sufren desnutrición, están siendo sobremedicados y los mantienen aislados”, dijo uno de los parientes, quien prefirió mantener el anonimato por temor a represalias. Lo que presenció en la cárcel quedó resumido en una imagen: los presos se ven como salidos de un campo de concentración, dijo.

Al menos 19 familiares de los 36 presos políticos publicaron un comunicado conjunto alertando sobre la situación que atraviesan sus seres queridos en prisión, entre los que hay líderes opositores y civiles, exguerrilleros sandinistas históricos, periodistas y siete precandidatos presidenciales.

Según describen, el deterioro físico que han visto en sus familiares se traduce en “pérdida extrema y acelerada de peso” (entre 5 y 16 kilos), enfermedades gastrointestinales debido a la mala alimentación que les ha llevado a “un estado de desnutrición severa” y “palidez extrema, ya que muchos no tienen acceso al sol”. Además, advirtieron, “algunos padecen de enfermedades crónicas preexistentes y podrían desarrollar nuevas afectaciones en su salud, lo que pone en riesgo sus vidas”.

El lunes fue la primera vez que las autoridades permitieron las visitas de los familiares de los presos políticos. El Gobierno cedió a la presión internacional, en especial a partir de un informe de Amnistía Internacional.

La organización no gubernamental basó sus señalamientos en que los opositores y periodistas eran arrestados con violencia y no se informaba sobre su paradero, hasta que días o semanas después la Fiscalía emitía comunicados formalizando acusaciones, casi todas por “traición a la patria”.

Hasta hace unos días, el aislamiento total era la norma en las celdas de El Chipote, sede de la DAJ. Lo que los presos políticos contaron a sus familiares en las visitas reafirmó las denuncias de organismos de derechos humanos sobre torturas psicológicas documentadas a través de terceras fuentes judiciales.

Sin embargo, el relato directo de los presos políticos evidenció eso y más: un estado físico lastrado por la malnutrición, interrogatorios interminables y aislamiento en pequeñísimas celdas, donde las luces no se apagan nunca.