El tema de los obstáculos forma parte de la vida de cualquier persona, familia o comunidad, porque están representados en aquellas dificultades naturales o derivadas de malas intenciones. Sin importar cuál sea su origen, intencionalidad o tamaño del obstáculo, el desafío es sobrepasarlo, vencerlo o vadearlo, pero nunca evadirlo.

Producto de la crisis que vive Nicaragua, es necesario sumar los tranques a la lista de obstáculos habituales que cualquier persona puede enfrentar, sin definir limitadamente la figura al impedimento físico en una vía. Lo anterior resulta de entender que también es un tranque la falta de voluntad institucional para la solución de los problemas relacionados con la crisis social y política en el país.

Volvamos el tiempo hacia atrás y recordemos que los tranques fueron implementados por la ciudadanía como un mecanismo de protesta cívica, aunque puede discutirse en otro momento el tema de la libre circulación. Cuando la crisis elevó su nivel de agresión en contra de la ciudadanía, los tranques se convirtieron en mecanismos de defensa para evitar la incursión de los grupos paramilitares en barrios y comunidades.

El ingenio de la gente ofreció imágenes singulares sobre los tranques, pues bastaba con la colocación de cualquier objeto, siempre que cumpliera con su cometido de impedir el paso. Así se podían encontrar tranques rústicos, elaborados con ramas de árboles y pedazos de cualquier cosa, hasta aquellos mejor logrados, parecidos a una trinchera fortificada.

Durante los días de la crisis se hablaba de centenares de tranques por todo el país y en algunas ciudades se podían contar más de 200 barricadas, distribuidas por todos los barrios, según se contaba en su momento. Esta realidad fue tan aguda que la misma policía se vio impedida de reprimir porque simplemente no había forma de trasladarse de una ciudad a otra.

Aunque puede haber conciencia sobre los dos usos básicos de los tranques, orientados a la expresión cívica de protestar y a la necesidad de proteger la vida, hubo otros utilizados para cobrar peaje. Es decir, habían tranques de autoconvocados y también de otros grupos que pretendían sacar provecho de la crisis.

Como historias de contraste pueden mencionarse aquellos lugares donde la tragedia marcó a cientos de familias y los sitios donde los eventos no representaron más que en una simple obstaculización del paso. Pueblos como Masaya, Jinotepe, León, Jinotega y los barrios orientales de Managua, sufrieron el embate del terror cuando las autoridades y los paramilitares implementaron la operación limpieza; mientras que en otros pueblos como Camoapa, predominó una relativa calma y se dio un levantamiento voluntario de los tranques.

El gobierno asegura que los tranques fueron espacios utilizados para infundir el terror, pero la ciudadanía advierte que fue el mismo gobierno el promotor del terror cuando quitó los tranques a punta de fuego. Cualquiera que sea la posición sobre este tema, lo cierto es que la población reciente tanta tragedia y dolor.

Pensar que los tranques ahora son parte del pasado, es ignorar el verdadero significado de un obstáculo y sus distintas formas de representarse. Entonces, es necesario asumir que existen tranques visibles y otros que no pueden ser identificados a simple vista, siendo un desafío mayor para quienes intenten sobrepasarlos, vencerlos o vadearlos.

Un ejemplo de los nuevos tranques, entre tantas escenas que pueden describirse, es la aptitud de la Policía Nacional frente a los medios de comunicación independientes, impidiendo la realización del trabajo informativo con el asedio a sus instalaciones y al personal que colabora en ellos. Otro ejemplo es la negativa de la autoridad policial frente a las solicitudes de permiso de marcha, gestionados por expresiones de la sociedad civil.

Un caso grave del nuevo tranque puede encontrarse en los retenes policiales que se ubican en puntos estratégicos de algunas carreteras, como la que conduce de Managua a Masaya. El periodista y propietario del Canal 100% Noticias ha denunciado públicamente que la policía le ha retenido en varias ocasiones y hasta le han amenazado.

El gobierno ha pretendido satanizar el tema de los tranques, olvidando que el mismo mecanismo de protesta fue utilizado en los años 90, cuando el Frente Sandinista era oposición. En aquel momento no hubo acciones brutales en contra de quienes protestaban en los tranques y barricadas, como se ha registrado ampliamente en esta crisis que vive Nicaragua.

¿Quién promueve las nuevas formas de tranque en Nicaragua? ¿Existe algún plan oficial para desmontar los nuevos tranques? Son preguntas que flotan en el ambiente, en medio de una crisis que no muestra salidas a corto plazo y cabe preguntarse si esas nuevas formas de tranque causan daños irreparables al país. Es más fácil librarse de un tranque de piedras que entenderse con los tranques de la mala voluntad.