Tan solo tenía 15 años cuando los afanes de la lucha llegaron hasta su pensamiento y le motivaron para integrarse en el trabajo clandestino de aquel Frente Sandinista de principios de los años setenta. Era una joven con toda la vida por delante y con ese brillo característico en sus ojos pudo observar los bemoles de la vida guerrillera.

Su cabello lacio hasta el hombro, sus ojos ahora cansados y las marcas de la vida en su rostro cuentan con especial añoranza las historias de aquellos días. “Fui correo del Frente Sandinista en 1972-1973” afirma con palabras convencidas la profesora Nora Díaz Arróliga.

Una mezcla de sentimientos encontrados, confusión, desesperación y decepción ocuparon sus emociones desde ese momento, pero rápidamente aprendió a despojarse de los colores de la bandera partidaria para vestirse con el azul y blanco del pabellón nacional. Fue equivalente a una liberación espiritual que le permitió abrir por fin los ojos.

Mientras una revolución invadía todo su interior, Nicaragua comenzaba a vivir un proceso de cambio en medio de una insurrección cívica, con decenas de miles de personas en las calles reclamando sus derechos ciudadanos y exigiendo enérgicamente el cese definitivo de la represión gubernamental.

Casi en todas las ciudades del país las personas salían a las calles de manera espontánea para protestar en contra del gobierno, pudiéndose contar en decenas de miles y a veces en cientos de miles. En esos espacios públicos también ondeaban los colores azul y blanco de la bandera nacional; esos mismos que ahora vestían el corazón y el pensamiento de la profesora Nora Díaz.

Su voz, firme como en los mejores años de la lucha, dejaba claro que había una determinación para liberar a Nicaragua de tanta tragedia y dolor. Nunca se le ha visto con el rostro cubierto y siempre ha mostrado disposición para tomar la palabra en las protestas cívicas; una tarde frente al instituto y otro día en medio de una movilización.

Su presencia en las protestas generó diversas reacciones en la población, unos aplaudían su nuevo discurso y otros aseguraban que se trataba de emociones pasajeras… hasta hubo quien afirmara que había pedido disculpas en la casa zonal sandinista por andar en las marchas. De esto último, ella misma se tomó el tiempo para desmentir públicamente, reafirmando su opción por Nicaragua y declarando, sin dudas, que había arrancado de su pecho al partido de las cuatro letras.

En las redes sociales pueden encontrarse imágenes de la profesora Norita quemando camisetas, banderas y cualquier símbolo vinculado con el Frente Sandinista, asegurando ella misma que fue una especie de ritual de liberación, como si la afinidad con ese partido hubiera sido una especie de posesión demoníaca.

Cuenta la profesora Nora que, en los primeros días de las protestas de abril, antiguos compañeros de partido le sacaron en cara su jubilación y los estudios de sus hijos, como si se tratara de regalos del Frente Sandinista. Se nota que la profesora conoce bien sus derechos, porque ante ese planteamiento siempre argumenta que todo se lo ha ganado con su trabajo y esfuerzo propio.

En Camoapa, hablar de la profesora Norita es hablar de la sensibilidad de una persona frente a la tragedia y el dolor de todo un país; es hablar de la reflexión ciudadana sobre el verdadero roll de las autoridades y el derecho de las personas para cuestionar cívicamente a cualquier gobierno. Además, Díaz aprovecha cada oportunidad para dirigirse a quienes quedan dentro del partido para que hagan su propia reflexión y se decidan por Nicaragua, como ella lo hizo.

Cuando se le pregunta porque un cambio tan radical en su forma de pensar, ella cuenta una y otra vez la odisea que vivió su hijo menor para salir de una de las universidades asediadas por la policía, antimotines y simpatizantes del partido de gobierno. Cada vez que cuenta la historia es evidente que en su garganta las palabras se atropellan entre si y las emociones brotan como fuente de dolor desde sus ojos.

“Es lo menos que puedo hacer como madre que soy” advierte de manera enfática la profesora Norita cuando habla de su decisión de romper todo vínculo con lo que fue su partido político; mientras ella habla de todo esto, se levanta de su silla y muestra orgullosa frente a la cámara una camiseta que la identifica con la nueva lucha, solo que, en esta ocasión, sin vivir en la clandestinidad.

En este momento, Nora Díaz Arróliga sueña con una Nicaragua libre, sin dictadura, sin represión, sin tragedias ni dolor en las familias, asumiendo que la protesta cívica es la opción que tiene Nicaragua. Es preciso decir que la profesora Norita representa a muchas historias de vida dentro del partido Frente Sandinista.