Sábado, 25 de Mayo de 2013 | Hora Local: 04:51:19 PM

Noticias Relacionadas


Blogs - Blogs - El rastro del pueblo
El rastro del pueblo PDF Imprimir E-mail
Blogs - Blogs
Escrito por Juan Carlos Duarte Sequeira   
Miércoles, 06 de Junio de 2012 03:39

El silencio casi reinaba en el lugar y la extrema formalidad de los invitados destacaba el color negro para la ocasión. Algunos se movían sigilosamente de un lado a otro con una actitud pasiva mientras duraba la espera.

El infortunio de los que habían llegado primero se deslizaba por el lugar como una serpiente, su paso ahora es lento y sin aliento de vida. Así como los recuerdos quedan en la memoria, el olor delataba lo ocurrido en las primeras horas del día. Nadie, absolutamente nadie estuvo a tiempo para salvar sus vidas que gemían en la agonía cuando apenas empezaba la jornada.

El Sol levanta su cara ardiente y fija su mirada sobre el lugar para evaporar la esencia de la vida regada por doquier. Es la escena del crimen perfecto que reparte muerte aun después de haber matado y discute vestida de luto los azares de la vida. Los personajes de negro no hablan ni cuentan su versión sobre lo ocurrido porque son socios convenientes del mismo plan.

Una estructura rectangular con dos puertas y varias ventanas sirve para el ejercicio del ritual, donde los puñales muestran sus brillos antes de clavarse en los cuerpos. En las puertas hay rejas de hierro que antes de abrirse parecen proteger a los que están afuera y a través de ellas se ven tres 'altares' para los sacrificios.

La escena se percibe a más de 100 metros de distancia y sus olores se confunden con los aromas de la gente que cocina. Hay muchas casas cerca del lugar y una de ellas está a menos de media cuadra, con el viento en su contra. Nada parece detener el curso de la vida, ni la mezcla de olores, ni las noticias, ni los afanes del trabajo, ni la presencia de los que llegan al funeral.

La estructura parece un templo solitario donde los que mueren hacen fila para entregar sus vidas, bajo la diestra mano que corta y empuja el metal de acero. Es como un reino de muerte porque la sangre se revuelca entre los restos del cuerpo que a nadie gustan y baja en una carrera frenética por una zanja grotesca de malos olores.

Las moscas están invitadas al festín y lucen sus trajes de gala que brillan al Sol entre colores verde y azul. Muchas vuelan en el aire, zumban amenazantes cerca del rostro de la gente parecen armadas naves de guerra que posan y levantan sin cesar, llevando y trayendo entre sus patas gotas de sangre mal oliente.

Un promedio de 17 mueren cada semana donando su sangre para fertilizar la tierra y contaminar el lugar, en una suerte de vida tendida en el suelo para estimular a la muerte. La sangre se descompone y produce un olor insoportable, suficiente para postrar a cualquiera en una crisis de vómito sin remedio.

No se trata de un paisaje pintado en el infierno aunque cerca está de serlo. Hay vísceras y estiércol en una confusión de materia que hierve bajo los rayos del Sol como si fuera una poción mágica discutida y preparada por los personajes de negro.

En el proyecto estaba contemplada una pila de tratamiento para recoger los restos del sacrificio y no contaminar el medioambiente. La obra está incompleta porque todo se vierte en los potreros vecinos, luego de recorrer un cauce de poca profundidad cuya pestilencia es la bienvenida para cualquier visitante.

Dos familias viven cerca del lugar dentro de la propiedad municipal, en medio de aquella tufalera que muerde la nariz y enferma hasta el alma. Para esta gente los aromas son neutros o como dicen algunos “ya no sienten nada”,

Con casi 70 años de edad y una familia de ocho personas, don Froilán Peña Palacios vive expuesto a ese ambiente, ahí duermen y comen sumergidos en una batalla permanente contra las moscas que invaden su espacio. Con ingenio usa varios adoquines para construir una especie de puente que le permite cruzar el cauce de fluidos nauseabundos.

Alejandra Pérez García es otra vecina del lugar, con cuatro hijos y un marido que trabaja lejos en la montaña. Su aventura diaria es cuidar la casa, preparar los alimentos y criar a los pequeños para que crezcan sanos y fuertes, a pesar de las condiciones adversas. Mientras habla sobre los malos olores que el viento arrastra, las moscas vuelan entre su rostro y el lente de la cámara.

Más de medio millón de córdobas fue la inversión para construir la obra, sin estudio de impacto ambiental, ni diseño alguno. El único impacto calculado fue el de las noticias del momento que hablaron en la radio de una obra necesaria. “Ese fue un proyecto del gobierno anterior” dice el alcalde Plutarco Hernández, en una entrevista.

¿Qué mejoras piensan hacer en el lugar? “Vamos a adoquinar el corral” dice el encargado de servicios municipales Faustino Díaz. Pero nadie habla sobre las obras para mejorar la estructura del matadero municipal, ese que todos llaman el rastro como si fuera la ironía de la lengua para destacar la senda de muerte, pestilencia y contaminación.

“Hasta el agua y la luz tenemos que llevar los matarifes” dice una joven en un tono de protesta por la falta de condiciones para realizar su trabajo. Ella prefiere guardar su nombre, pero con firmeza habla sobre el asunto mientras espera vender las ultimas libras de carne en un puesto del mercado municipal.

¿Quién responde por la limpieza del rastro y el tratamiento de los desechos en el lugar?¿Será necesario llevar las manos a los bolsillos del pantalón y caminar con disimulo para hablar con los personajes de negro?¿Es la protección del medioambiente un tema para discutir en una rueda funeral, donde cada quien expone su punto de vista sobre la mesa del destace?

Son tantas preguntas que aparecen en la escena sin una respuesta que acompañe su dolor. Tan solo las moscas y los zopilotes dan testimonio de la vida y la muerte en aquel lugar.

Ahora sobre la mesa queda reflexionar sobre una historia de vidas perdidas en sacrificios diarios, mientras el cuchillo con su brillo acerrado se desliza y parte los trozos de carne. Así sucede siempre porque nadie busca mejorar la higiene del rastro del pueblo, donde unos mueren para que otros vivan.

Véa el video del rastro municipal.

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Escúchenos en Vivo

10 Éxitos


Mercado Municipal 2c al Este Camoapa, Nicaragua | Telf: 2549-2327 8823-9005
Todos los Derechos Reservados © Radio Camoapa.com 2011 | info@radiocamoapa.com